Tuesday, September 30, 2008

Un nuevo amanecer para el Ecuador

Una vez proclamados los resultados del referendo del domingo, se pone en marcha un proyecto inédito en el Ecuador. De la mano de Rafael Correa, la ciudadanía espera que los cambios se consoliden y continúen. La nueva Constitución, que amplía los poderes del Ejecutivo, pero al mismo tiempo da espacio para las veedurías ciudadanas y la participación de la sociedad en el gobierno, es por primera vez una Constitución incluyente, equitativa y justa. Por vez primera también, es una Constitución labrada en base a las ideas y propuestas de amplios sectores de la sociedad ecuatoriana que acudieron a Montecristi o canalizaron sus deseos a través de los asambleistas. Es una Constitución perfectible, eso es cierto, pero en la forma, más no en el fondo. Esta Constitución será recordada -por el tiempo que dure, esperamos sean muchos años- como aquella que logró romper la hegemonía de un sistema elitista y excluyente, que desde la fundación de la Republica del Ecuador allá en 1830, había estado atada a ciertos grupos de poder y a la iglesia católica.

Quienes amamos y nos debemos al Ecuador, tenemos razones de sobra para celebrar. La Constitución fue aprobada por una mayoría absoluta de ciudadanos, incluyendo a la clase media ecuatoriana que representa, estoy seguro, un alto porcentaje de la población ecuatoriana. El ecuatoriano urbano también votó a favor del SI: sendas victorias en Quito y Cuenca avalan la premisa de que en la ciudad también caló hondo el mensaje de cambio y equidad, en pro de los más desposeídos. Obviamente, el ciudadano rural también supo determinar que es lo que mejor le conviene. Y es que la nueva Constitución facilitará los procesos para que el campesino y el comerciante tengan mejores días y oportunidades; al facilitar la gobernabilidad, se facilita la redistribución de recursos que potenciarán, por ejemplo, los créditos para producción y vivienda.

Alegrémonos por este gran paso hacia el cambio en democracia, y trabajemos por tender puentes también con la oposición. Que no falte la voluntad de dialogar del Gobierno - que estoy seguro no faltará-, aunque con los puntos muy claros sobre la mesa.

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